viernes, 31 de octubre de 2008

La niña

Quiero recordar haber oído, como tantas cosas se oyen, cierta murmuración que me causo un gran impacto, tanto que a pesar de tiempo transcurrido, no ceso en su recuerdo.
Comentaban de una niña, pequeña, que como todos los niños pequeños, lloraba con insistencia porque no le dejaban jugar con las otras más mayores.
Su madre, ante la adversidad, optó por recogerla , llevarla a su habitación y se distrajera con las muñecas y sus trapitos pues ella gozaba cambiándole sus vestidos .
Ya cansada de tanto manoseo de juguetes, como niña traviesa , se dedicó a otros entretente. Sin pensarlo dos veces, cogió las tijeras, se puso a hacer tiras, cortando un trozo de retal de color rosa que la madre guardaba para confeccionarle una blusita.
Entre corte y corte se presentó la madre, viendo los trozos esparcidos por el suelo, el enfado fue monumental, reprendió a la niña amenazándole con un castigo que fue un poquito severo, la niña, justificando la travesura que para ella era normal, dijo a la madre con voz enternecedora -solo hacia unos estadales para la Virgen de la Estrella.-
Cuando oyó la madre el relato de la niña, su primer intento fue consolar la pena que le agobiaba, con unos suspiros que le entrecortaba la respiración.
A partir de entonces, la madre le dedicó más tiempo, compartiendo las distracciones y juegos de la niña.
En otra ocasión, jugueteaba con papeles# útiles del Padre; utilizó un trozo de carpeta que cubría documentos de cierta consideración, tal fue el enfado del progenitor, que, muy severo propició un castigo con demasiado rigor. La niña, una vez pasada la #ventisca# del enfado, dirigiendose al padre le pidió perdón y con voz de# ángel# le dijo #solo quería hacer una cajita con un regalo para ti y colgarlo en el árbol de Navidad#. Las fechas eran próximas a estas Fiestas.
Efectivamente, la noche de Navidad lucía el árbol, entre varios regalos, la #cajita colgada en una cinta rosa que había confeccionado en aquel otro error que originó con la tela.
Llegó la hora de hacer el reparto de aquellos regalos suspendidos en el árbol , el padre estaba impaciente por ver qué era el obsequio preparado por la #niña#.
Cogió su cajita y pasó al despacho para comprobarlo a solas; cual fue su sorpresa cuando abrió la caja y estaba vacía. !Que desilusión!
Con gran energía, dado a su condición de soberbió, salió al salón y con voz altiva dijo a la niña :al menos podías haber introducido en detalle en la caja# - Tal fue su actitud que a la niña hirió su sensibilidad produciéndole llanto.
Una vez calmados y serena la niña respondió #Papá no estaba vacía, le he metido muchos besitos#.
Al oír a la niña, el padre enmudeció.
Debido a los excesos que se hacen por estas fechas, las imprudencias se multiplican, y siempre pagan las consecuencias quien menos culpa tienen, pero en un fatal accidente perdió la vida la niña.
Solo quedó el recuerdo del Estadal rosa cortado con poca simetría y la cajita que pendía en aquel árbol que nunca más decoró aquel salón entristecido por la fatalidad.

3 comentarios:

estela dijo...

quizas el recuerdo no fuera la cinta rosa y la caja, sino la impotencia de ver que hacemos un mundo de cosas sin importancia...

muy bonita la historia

Rublo dijo...

La niña tiene que tener más vigilancia que Anibal Lecter o te destroza la casa, jeje.
Bonito relato.

luna dijo...

Los niños saben mucho, saben como camelarnos.. lo triste es que al ser mayores vemos lo que tenemos cuando lo perdemos.. bonita leccion